Texto: Ana Esther Méndez
Con tres décadas de trayectoria, José María Ortega Martínez de Victoria se ha consolidado como un referente en la comunicación institucional de Castilla y León y el periodismo de alto nivel. Licenciado por la Universidad de Navarra y máster en Reputación Corporativa, desde el año 2015 ejerce como Director de Comunicación del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León, donde coordina la estrategia informativa de la judicatura tras una etapa de casi diez años como asesor en el TSJ de Andalucía. En ambos puestos ha llevado a cabo la organización de macrojuicios como los de los casos Arandina, Perla Negra, Malaya o Marta del Castillo, entre otros.
Por otro lado, su experiencia previa a estas etapas es tan prolífica que resulta complejo seleccionar un puñado de hitos para dibujar su semblanza: desde la redacción de CNN+ en Madrid y Atlanta cubrió acontecimientos históricos, como los atentados del 11-S, la guerra de Irak, el impeachment a Bill
Clinton o la masacre de Columbine. Pionero en el entorno digital, fue el creador del primer informativo de televisión exclusivo para internet en España.
Por si fuera poco, José María Ortega compagina su labor institucional con la docencia en la UNIR y una formación continua en Inteligencia Artificial y transparencia. Su perfil técnico, forjado entre redacciones internacionales y gabinetes estratégicos, define a un profesional que entiende la comunicación como un puente esencial entre las instituciones y el ciudadano.
De las aulas de Medicina a la redacción de CNN+: un camino vocacional
La trayectoria de José María Ortega es una historia de pura y dura vocación. Aunque inició sus estudios en Medicina en Granada influenciado por el entorno familiar, pronto comprendió que su mente estaba más cerca de las crónicas deportivas que de los libros de anatomía. «Pasaba casi más tiempo pendiente del Marca, Supergarcía y Estudio Estadio que de la bioquímica», confiesa. Tras cursar hasta segundo de carrera, decidió dar el salto definitivo hacia su verdadera pasión: el periodismo.
Sus primeros pasos en la Cadena SER, TeleNieve o EFE TV durante las vacaciones fueron el preludio de un salto internacional inesperado. Recién graduado, CNN en Español le brindó en Atlanta la oportunidad de cubrir el Mundial de Francia de 1998. Aquella experiencia fue, en sus propias palabras, «un sueño cumplido» de tal magnitud que llegó a pensar que había alcanzado la cima demasiado pronto. «Creía que todo lo que hiciera después no me iba a llenar», recuerda.
Nada más lejos de la realidad. Tras participar en la gestación de CNN+ y trabajar cinco años en la exigente redacción de Madrid, la prioridad familiar le devolvió a sus raíces. Su incorporación a la recién creada Oficina de Comunicación del TSJ de Andalucía marcó el inicio de una sólida etapa en la comunicación judicial. «Era una decisión que combinaba el desarrollo profesional y la calidad de vida, y decidí dar ese paso. Años más tarde, tras cambios en la Dirección de Comunicación del Consejo General del Poder Judicial, se abrió la posibilidad de trasladarme al TSJCyL. El reto me resultó atractivo y decidí asumirlo», explica.
El puente entre la toga y el ciudadano: el reto de la comunicación judicial
Para José María Ortega, la vida profesional rara vez sigue un guion preestablecido. Aunque nunca imaginó terminar en el Tribunal Superior de Justicia, encara el reto con una máxima clara: la capacidad de adaptación. Ante el respeto que puede imponer una institución de tal magnitud, Ortega desmitifica el proceso: «Contar historias desde un medio no es tan distinto de hacerlo desde una institución«. Para él, se trata de un servicio público esencial cuya legitimidad emana del pueblo, lo que convierte la comunicación clara y rigurosa en un imperativo democrático.
Su día a día es un equilibrio entre la exigencia y la gratificación, actuando como un puente bidireccional entre los jueces y los medios. Su labor abarca desde la gestión de agenda de la presidencia y el protocolo, hasta la compleja organización de coberturas para macrojuicios de impacto internacional.
Además de facilitar el acceso semanal a resoluciones judiciales, Ortega destaca una vertiente pedagógica fundamental: forma a jueces en habilidades comunicativas y a los periodistas les facilita una mejor comprensión de los distintos órdenes jurisdiccionales. Incluso extiende esta labor a estudiantes de E.S.O. para acercarles la realidad del sistema, «con especial atención a cuestiones como la violencia de género o la responsabilidad penal del menor. Asimismo, gestionamos situaciones de comunicación de crisis. A diferencia de otros ámbitos, donde pueden ser excepcionales, en la Justicia surgen varias al año. Bien abordadas, no solo son un desafío, sino también una oportunidad para explicar mejor el trabajo de los jueces y reforzar la confianza en la ciudadanía».
Responsabilidad en la era de la inmediatez
Adaptarse al entorno judicial no es sencillo. Ortega subraya que la dificultad reside más en el «continente que en el contenido». Mientras el periodismo exige respuestas en tiempo real, la Justicia opera con ritmos propios para garantizar derechos fundamentales. «Ahí reside el verdadero reto: equilibrar el derecho a la información con las garantías del proceso judicial, gestionando
esa tensión con rigor y responsabilidad».
Para él, el futuro de la comunicación judicial es ya un presente central en la agenda pública, aunque requiere una especialización urgente. Propone que la formación sea bidireccional: asignaturas de información judicial en Periodismo y de comunicación en las facultades de Derecho. «En ese sentido, una de las mejores iniciativas del CGPJ ha sido la creación de las Oficinas de Comunicación. Su trabajo resulta clave para fortalecer la relación entre la Justicia y los medios y para acercar la labor judicial a la ciudadanía. Un ejemplo es el canal de YouTube del TSJCyL. Hace algunos años apostamos por el vídeo y realizamos un documental pionero sobre la labor de los jueces. Por primera vez, ellos mismos explicaban ante una cámara su trabajo», detalla.
Honestidad y rigor, garantías para la confianza democrática
Para concluir, José María Ortega reflexiona sobre el compromiso ético de una profesión que define como «la menos autocrítica que existe». Ante el riesgo de los juicios paralelos y la velocidad de las filtraciones digitales, Ortega defiende una comunicación judicial basada en el Protocolo del CGPJ: clara, veraz, objetiva y responsable. «Los Colegios Profesionales representan una oportunidad real para
mejorar una profesión poco acostumbrada a revisar sus propias prácticas. El periodismo analiza y evalúa todo, pero rara vez se somete a ese mismo escrutinio, especialmente en un contexto amenazado por la rapidez, la falta de rigor y una competencia mal entendida que favorece la desinformación. La verdad está por encima de los intereses económicos», sentencia, recordando que la ética no es un lujo, sino una ventaja competitiva.
El futuro, marcado por la Inteligencia Artificial y la saturación informativa, exige un periodismo que recupere el contraste de fuentes y la pausa frente a la urgencia. Pese a las amenazas, Ortega mantiene la esperanza: ve en los periodistas a aliados necesarios y garantes de la confianza democrática. Su visión final es una llamada a la responsabilidad: el éxito no reside en publicar primero, sino en servir al bien común mediante la honestidad y el rigor. Un legado impagable para las generaciones venideras al que contribuyen profesionales tan entregados como José María Ortega Martínez de Victoria.

